Home Prevención y Promoción En el mundo 1 de cada 3 personas es hipertensa

Hoy se celebra el Día Mundial de la Hipertensión, una enfermedad responsable de 9.4 millones de muertes al año . En Argentina se estima que al menos 10 millones la padecen, aunque no todos lo saben.

De acuerdo con los resultados del estudio Renata II, presentados en el 42° Congreso Argentino de Cardiología, menos del 25% de los pacientes tratados tienen la presión controlada. Esto significa que mantienen su presión arterial por debajo de 14/9, los parámetros considerados normales. A nivel mundial la incidencia es similar.

Desde COSSPRA, también señalan como muy preocupante, que el estudio devela que cerca del 50% de los pacientes abandonan el tratamiento durante el primer año. Las causas son múltiples: cuestiones inherentes a la enfermedad, efectos adversos, regímenes complejos de tratamiento y características de la personalidad de cada paciente. El no control de la hipertensión arterial puede causar accidentes cerebro vascular, insuficiencia cardíaca o insuficiencia renal.

La población que aún no controla su presión arterial está constituida por tres grupos principales: los que desconocen que padecen hipertensión arterial, los que se saben hipertensos pero no reciben tratamiento y los que a pesar de recibir tratamiento antihipertensivo no logran controlar su presión.

Qué es la presión arterial

Es una enfermedad crónica altamente prevalerte, que se da en aquellas personas que tienen los valores presión arterial por encima de 140 – 90 mm Hg, o 14 – 9, de manera sostenida en el tiempo, y que puede afectar notablemente la salud del paciente si no es tratada y controlada periódicamente.

El incremento de las cifras de presión arterial es algo que sucede habitualmente frente a diversas situaciones fisiológicas como hacer ejercicio (andar en bicicleta, correr) o ante algún dolor o esfuerzo. Cuando hacemos actividad física, por ejemplo, la presión sube pero rápidamente baja. Esto sucede porque el organismo tiene mecanismos regulatorios que hacen que los valores vuelvan a los parámetros normales. Cuando estos mecanismos no responden y la presión se mantiene alta, ahí es cuando el profesional médico debe estudiar detenidamente las causas para diagnosticar la enfermedad e indicar un tratamiento adecuado según las necesidades de cada paciente.