Home Prevención y Promoción 31 de agosto – Día internacional de la obstetricia y la embarazada

Aumento de cesáreas: el rol de la obstétrica como actor clave durante el parto

La OMS estima que la tasa de cesáreas no debe exceder el 15% de los partos. En Argentina ya supera el 30%, y las estadísticas de COSSPRA muestran que los números de las Obras Sociales Provinciales superan el dato nacional.

La cesárea es una intervención quirúrgica recomendada cuando el parto vaginal implica una situación de riesgo para la madre y/o el bebé. Por ejemplo, el sufrimiento fetal o para evitar la transmisión de alguna enfermedad como el VIH/SIDA. No existe evidencia científica que indique que superando el 15% de cesáreas, la mortalidad materno-infantil vaya a reducirse, ni que genere mayores beneficios a nivel de la población. Por el contrario, se estima que puede ser potencialmente perjudicial, vinculado a situaciones de hemorragia, infecciones pos parto y demoras en la reinserción de la mujer en la vida cotidiana.

La tendencia en el aumento de las cesáreas es mundial. Se profundiza en países del sur asiático y africano, en mayor medida, y se identifican notables aumentos en América Latina. “En COSSPRA, hemos notado un incremento de las cesáreas siendo, en el 2015, del 76%. Una cifra alarmante, sobre todo si la comparamos con la estimación deseable de la OMS”, dijo Gabriel Chagra Dib, presidente del Consejo de Obras y Servicios Sociales Provinciales de la República Argentina.

Los especialistas hablan de ciertos problemas en el sistema, que marcan diferencias en el sector público y privado, en cuanto atención de la salud se refiere. Mientras que en el ámbito público quienes atienden a las mujeres durante el parto no son los mismos profesionales que hicieron el seguimiento del embarazo, en el privado es el mismo médico el que continúa la atención.

En los hospitales públicos, los partos normales, sin complicaciones, son realizados por obstétricas. Esto no implica una disminución en la calidad de la atención o el parto, por el contrario, se asocia a una mayor tolerancia frente a determinadas dificultades que pueden resolverse sin llegar a cirugía.

En el ámbito de la seguridad social (privado o público), el seguimiento y atención es individualizado y, como dijimos, a cargo de un mismo profesional: el médico especializado en obstetricia. Esto incrementa la carga de trabajo para aquellos que tienen vínculo con muchas, a veces demasiadas, embarazadas. Situación que complejiza la rutina diaria de estos médicos que, a un mismo tiempo, realizan el seguimiento y atienden el parto. A veces deben “descuidar” el consultorio para asistir a las parturientas, y la planificación de cesáreas ayuda a organizar ésta situación.

Las diferencias de formación profesional, también parecen influir: los médicos tienen una mayor capacitación en cirugía, y esta suele ser la respuesta ante el mínimo indicio de una complicación. Así, las obstétricas suelen ser asistentes en el sector privado, mientras que cumplen con un rol protagónico en el público.

Vemos, entonces, un exceso de intervención en procesos que podrían desenvolverse de modo natural. Quizá, la carga de responsabilidad individual del médico obstetra, frente a una potencial situación de riesgo, también contribuye a la planificación de la intervención durante el parto. Como una manera de “prevenir” experiencias judiciales indeseables.

Parece evidente que existe una complejidad en el sistema, que invita a estas distinciones entre el sector público y privado. Por una parte, “es necesario reivindicar el rol de las parteras y trabajar para que sean reconocidas como profesionales imprescindibles”, enfatizó Chagra Dib. Y afirmó que una “transformación del sistema de salud nacional es prioritario”.